solo quedan vestigios y recuerdos, muchos recuerdos. He vuelto a vivir por unas semanas en un escenario; he llorado, reído, recreado historias húngaras y dado malas ideas en la avenida Q. Vuelve a merecer la pena todo. los rostros no han cambiado, pero si las sensaciones que son siempre nuevas. Gracias, gracias por dejar que salga de mí este torrente de emociones; y esos aplausos, los del público y los vuestros
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