sábado 16 de octubre de 2010

hoy me ha sucedido una de estas cosas que la vida a veces te muestra, que te enseña, viene de improviso y pasa inadvertida a no ser que tu tengas la paciencia de detenerte a mirarla. últimamente ando enfrascada en esta vuelta al cole que se hace más cuesta arriba que otros años [o quizás es que la memoria se encarga de olvidarlo de una fecha a otra]empiezo en un lugar nuevo, sin muchos amigos, con todo el encanto de lo novedoso, que indudablemente va parejo al vértigo que llevo experimentando desde hace unos meses. Llevo varias páginas de calendarios viviendo de otra manera y hace bien poquito que necesito recuperar la palabra; he estado bastante entretenida en las decisiones que se toman de estómago; y hoy lo he visto, lo he visto en dos pares de ojos, telas moradas y un pisito en el centro.
qué paz, qué gusto; y que locura y vorágine veo cuando me reflejo. Ando días intuyendo el siguiente paso y observando, mucho. Hoy he sido testigo de algo ritual, he sentido lo mismo que siente un creyente que traspasa un espacio sagrado, y a la vez no puede ser más cotidiano, hoy he visto poesía vivida.

resultan banales tantas cosas; y aún así soy incapaz de escapar de ellas, supongo que es algo que viene impuesto en la naturaleza de cada uno, o simplemente que a fuerza de costumbre unas opciones que parecían más atractivas que otras se imponen, puede que yo no esté hecha de la pasta que hace falta, no lo sé. Al menos tuve la oportunidad de fijarme, de seguir observando y que tocase algo que me hace estar escribiendo estas lineas y preguntarme hacia dónde mover ficha ahora